Buscar… ¿Bicentenario o Vicente Nairo? ese es el cuento

La creatividad ilimitada de nuestros docentes y estudiantes ha permitido plasmar en sus escritos su pensamiento bicentenario.

Tunja, 5 de agosto de 2019. (UACP). Para Rosa Inés García Ortegón, una docente de la Institución Educativa Técnico Industrial ‘Julio Flórez’ de Chiquinquirá, fue un orgullo compartir con su comunidad y en general con todo el mundo su escrito, que fusiona perfectamente el Bicentenario de Libertad con nuestro orgullo boyacense, Nairo Quintana.

Este cuento es la muestra de la pasión que ha florecido a propósito de esta conmemoración en Boyacá porque estamos en #ModoBicentenario.

UN TAL VICENTENAIRO

“Yo quería un país en paz, limpio, un país amoroso y libre. No sé si yo moriré con mi sueño o el sueño morirá conmigo.”Pedro Pascasio Martínez Rojas.

El tiempo es corto y debe ser aprovechado de la mejor manera, eso lo tienen claro todos en la clase. La blusa blanca, estampada con rostros de nuestra diversidad cultural donde se entremezclan rostros indígenas, afrodescendientes, mestizos y criollos, cubre la esbelta silueta de la profesora Polita. Ella acostumbra lucir sobre su atuendo diario esa prenda que le da identidad y va acorde con la clase que orienta: “Cátedra de Paz”. La llegada de Polita acaba con el parloteo y murmullo de los estudiantes.

Sin más preámbulos, Polita les solicita que se organicen en dos grupos de trabajo y elijan a uno de sus compañeros como líder. El grupo uno elige a Juan; el dos a Francisco. Juan personificará a SImón y Francisco a PAZcasio. Los estudiantes se preguntan si la personificación de SImón es la de “Simón el bobito”, el famoso personaje de Rafael Pombo, y eso les causa risa, mientras indagan quién es PAZcasio, ese nombre no les es familiar. Entonces la profesora Polita explica que los personajes a personificar son SImón Bolívar y Pedro PAZcasio Martínez. La actividad va tomando forma, pero aún no es clara. Así que Polita va resolviendo una a una las dudas. Hasta que, finalmente, en medio del cuchicheo, el murmullo y la algarabía, los estudiantes entienden que deben encontrar y conmemorar a un tal Vicente Nairo. Y para ello, tienen que buscarlo 200 años atrás.

Fácil. La tarea está hecha, pensaron todos. De Nairo lo saben todo. Y cómo no saberlo si Nairo es el ídolo, el ejemplo, el paisano. En tiempo récord redactan la biografía: Nació el 4 de Febrero de 1990 en la vereda Concepción del municipio de Tunja, en el hogar conformado por don Luís Quintana y doña Eloisa Rojas, que trabajó desde los 7 años en las labores del campo, y hoy es considerado el mejor ciclista colombiano y uno de los mejores del mundo.

Los estudiantes parlotean con emoción acerca de Nairo. Cada uno cree tener la razón sobre sus triunfos y sus fracasos. Mientras conversan, sus mentes vuelan por los hermosos paisajes de Colombia, Italia, España y Francia. Fascinados nombran lugares y momentos que han escuchado y visto en las narraciones y transmisiones de nuestros folclóricos comentaristas deportivos. Toda una clase de historia y geografía. Es necesario que Polita ponga orden en la clase y les haga ver que, si bien Nairo es el ídolo de todos, no es el héroe que deben buscar 200 años atrás.

El grupo uno es liderado por Juan, el estudiante mayor de la clase, de contextura gruesa, hablado pausado y carisma especial. Juan recuerda que alguna vez vio una película donde el protagonista utilizó “la máquina del tiempo” para transportarse al futuro. Hoy—piensa Juan—la utilizarán para ir al pasado. Y así, en un abrir y cerrar de ojos, Juan se ve en el papel de SImón. Con siete años de edad sintió el dolor de quedar huérfano a pesar de vivir en medio de lujos y fortuna. Su niñez la pasó bajo la custodia de tíos y familiares. Revisando su partida de nacimiento, se dio cuenta que nació en una gran hacienda de Caracas el 24 de Julio de 1783. El tiempo transcurrío veloz y de joven viajó a Europa, donde se educó y se casó loco de amor con la joven María Teresa del Toro.

SImón quiso sentir junto a María Teresa la felicidad. Intentó recobrar la dicha que perdió con la muerte prematura de sus padres. Y para vivir a plenitud esa nueva etapa de la vida, regresó a Venezuela con la intensión de formar un hogar lleno de hijos junto a su bella y joven esposa. Pero nuevamente la muerte tocó a su puerta, y a los pocos días de su regreso, su amada esposa murió de fiebre amarilla.

Juan y sus compañeros tragan saliva. Se miran unos a otros y continúan con su tarea. Descubren que, deshecho, SImón regresó a Europa, donde presenció la coronación de Napoleón Bonaparte. Allá se relacionó con grandes líderes de la época y se propuso liberar a su patria del yugo español. Para forjar alianzas, recorrió otros países como Jamaica, Haití y Venezuela. Resuelto a todo, a inicios de 1819 partió hacia los llanos de Apure, desde donde lanzó su campaña libertadora.

Juan y sus compañeros tienen entrecortado el aliento. De otra parte, Francisco, el líder del grupo dos y el más joven e inquieto de la clase, se adentra en su papel de PAZcasio. Decide buscar en su celular una App que lo transporte 200 años atrás. Con un sencillo click activa la App y, al volver en sí, se ve ubicado en una vereda de un pueblito de Boyacá. En aquél pueblito llamado Belén, se dirigió a la iglesia a buscar su partida de bautismo y se enteró que nació el 20 de Octubre de 1807 en el seno de una familia campesina muy, muy pobre. PAZcasio pasó su infancia recogiendo leña y haciendo tercios que luego cargaba en sus débiles hombros para colaborar a sus padres.

Los estudiantes suspiran; claramente la infancia de PAZcasio no fue tan afortunada como la de SImón. Sus padres trabajaron en las tierras del terrateniente Juan José Leyva. PAZcasio, además de recoger leña, era también sirviente en la hacienda donde trabajan sus padres. El duro trabajo llevó a PAZcasio a soñar con la libertad. Siempre que podía, a la menor oportunidad, se escondía para escuchar las agitadas conversaciones que tenía el patrón con otros terratenientes. Y así fue como se enteró sobre las batallas de liberación que SImón lidiaba para vencer a los españoles y para desterrar a terratenientes como su patrón.

Mientras tanto Juan, en su papel de SImón, se sitúa en la campaña libertadora del 20 de Mayo de 1819. Francisco, a la par, se adentra en su papel de PAZcasio, quien sueña con alistarse y ser parte de ese grupo de valientes descalzos, que hambrientos y casi desnudos se unen a SImón en su ejército libertador. Sin más preámbulos, el 18 de Julio de 1819 y con tan solo doce años de edad, PAZcasio se unió al ejército libertador. Es encargado de cuidar los caballos, especialmente a “Palomo”, el caballo predilecto que montaba SImón.  Allá, en las caballerizas, tuvieron su primer encuentro el General SImón Bolívar y el humilde niño campesino Pedro PAZcasio. Dos mundos diferentes luchando por un mismo ideal.

Días después, el 25 de Julio de 1819, PAZcasio se inició  en la batalla del Pantano de Vargas y, tan solo dos semanas después, el 7 de Agosto repitió campaña en la última y definitiva del Puente de Boyacá. Vencidos los españoles en la batalla de Boyacá, PAZcasio fue a cerciorase que los caballos estaban bien. Y para su sorpresa, se encontró al General José María Barreiro, comandante del ejército español, escondido detrás de unas piedras. Barreiro estaba asustado. No quería ser ejecutado y, como última escapatoria, le ofreció unas monedas de oro a PAZcasio para que lo dejara escapar. Pero PAZcasio tenía claro que la libertad no se compra con oro. Así que desenfundó su lanza, y siempre apuntándola al cuello de Barreiro, tomó la decisión de llevárselo y entregarlo a SImón.

Es en ese instante, frente a frente, cuando el encuentro de lealtad entre SImón y PAZcasio cobra realidad, Juan y Francisco se confunden en un abrazo. Su profesora Polita y sus compañeros de clase también participan de aquél momento mágico. Mas poco a poco todos en la clase se dan cuenta que, a pesar de haber recorrido y regresado 200 años atrás, ninguno nunca había encontrado al tal Vicente Nairo.

Todos en la clase lo buscan, pero en el reguero de pasos de la historia, solo se encuentran con los incontables reconocimientos a SImón Bolívar. Grandes oleos, retratos de su rostro y bustos de su figura hoy aplastan museos, parques y bibliotecas. En cambio, de Pedro PAZcasio muy poco hay. Su nombre apenas se asoma a las páginas amarillentas y quebradizas de unos poquísimos y antiguos libros de historia que si acaso adornan la esquina de alguna biblioteca municipal.

La profesora Polita les pregunta a los estudiantes el porqué de tanta distracción y falta de resultados.

Es imposible que no hubiesen entendido la orientación dada: Encontrar y conmemorar El BICENTENARIO. Entonces los estudiantes se dan cuenta que el tal VICENTE NAIRO no existe, y recuerdan la frase que hoy adorna a todos los pueblos y ciudades de Boyacá: “Todos somos BICENTENARIO”. (Fin-Juan Diego Rodríguez Pardo-UACP).

Unidad Administrativa de Comunicaciones y Protocolo

Gobernación de Boyacá.

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